Tras un nuevo modelo en Seguridad Vial.

En (Autor) por Mario Holguín el 08-10-2010

En innumeras ocasiones lo hemos expresado y en diversos escenarios: no se avizoran señales de éxitos en la lucha contra los accidentes de tránsito y sus funestas secuelas si no hay voluntad política, conciencia social y obsesión en la aplicación de los planes, programas y medidas.

En lo que a voluntad política se refiere, tengo la profunda convicción de que si no se involucran los diversos actores que conforman el Estado, se fracasa en cualquier intento por mejorar la seguridad vial en nuestros países de la región. Iberoamericana tiene un reto ineludible con la seguridad vial, en tener que rebasar los límites negativos de los indicadores que nos muestran como países en desarrollo.

España y Portugal son de los pocos ejemplos fehacientes de aplicación de buenas prácticas de políticas públicas sobre seguridad en las vías, de cuyas experiencias debemos hacer nuestro propio destino.

Las estadísticas de siniestralidad de los últimos años demuestran que con ligeras excepciones aun no existe un alto grado de conciencia en las autoridades responsables de la materia, porque se empeñan en emprender iniciativas aisladas e individuales, sin responder a un plan estratégico e integral, y mucho menos, sin obedecer a los datos de un observatorio creíble, confiable y científico.

A propósito de este plan el mismo debe obedecer a objetivos orientados a elevar la conciencia humana de los usuarios de la red viaria, al fortalecimiento de la educación vial de estos y a la integración a estas causas de los diferentes sectores de la sociedad.

Todo plan estratégico debe ser parte de la agenda de desarrollo de nuestras naciones para que los gobiernos independientemente de los partidos respeten la continuidad en las ejecutorias, pues los partidos deben ser compromisarios de las estipulaciones contempladas en el plan durante su elaboración, al igual que las iglesias, la sociedad civil, los medios de comunicación y el sector privado.
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