En (Autor) por Mario Holguín el 04-03-2010
Nota del editor. La seguridad de un sistema tecnológico complejo como es el sistema viario o seguridad vial, no se hace sola ni se logra con medidas inútiles atendiendo a las creencias, fantasías y falacias que corren y se divulgan, dándole la razón a Walter Lippmann cuando afirmaba que “la decisión sobre las cosas las toman gentes que no tienen la menor idea de cómo funcionan las cosas.” El primer paso para poder mejorar la seguridad vial de verdad y de modo sostenible, es precisamente la voluntad política de hacerlo y la conciencia social sobre la necesidad de llevarlo a cabo.
Crear Voluntad Política y Conciencia Social.
por Mario Holguín.
La globalización de la información y la comunicación es un hecho irrefutable. Ello nos ha permitido conocer experiencias de toda índole en otros ámbitos. Compartirlas, discutirlas…Y más aun, nos hemos atrevido a plantear soluciones de problemáticas que entendemos comunes. Tal es el aspecto particular de la violencia multifactorial que se experimenta en el tráfico cotidiano.
El sistema de tránsito vehicular de nuestros países de medianos y bajos ingresos tienen un comportamiento similar, y las dificultades e indicadores para la implementación de programas efectivos también son comparables, a saber:
- Tasa de motorización social referente a motocicletas, en crecimiento.
- Tasa de mortalidad por cada 100,000 habitantes, en aumento.
- Marcada definición de los usuarios vulnerables.
- Ausencia de un plan de seguridad vial integral.
- Carencia de previsión en las inversiones de infraestructuras viarias seguras.
- Elevados gastos en salud a consecuencia de las tragedias viales.
- Indiferencia relativa de la ciudadanía y los órganos oficiales y privados ante el dolor ajeno motivada por la cotidianidad de las tragedias.
- Deficiencia en la calidad y cantidad de las informaciones.
- Ausencia de estímulos oficiales de planes de integración y cohesión internacional.
- Desconocimiento del vínculo de la seguridad vial con los temas de crisis actuales y de desarrollo sostenible, entre otros.
Controlar todos estos elementos conlleva mucho esfuerzo y sacrificio, además de muchos años. Sin embargo, algunas naciones se avocan ya a aplicar políticas de Estado para conjurar lo que las Naciones Unidas llama “Crisis de la Seguridad Vial”. Otros le llaman “Tsunami Silencioso”. En lo que no tenemos dudas, es que se trata de una “Pandemia”, como ha sido tipificada por la Organización Mundial de la Salud. Ahora bien, ¿qué ha faltado para que como tal se trate este problema desde las altas instancias del poder social, económico y político? A mi humilde entender, la falta de voluntad política. A partir de esto último, se inicia el proceso de solución integral y concienciación social de combate a este mal que afecta a miles de familias dominicanas.
En (Autor) por Luis E. Lorenzo Heptener el 03-03-2010
O ninguno, llegado el caso. Hete aquí que el Director General de Tráfico, en unas manifestaciones, ha descartado que las víctimas del tráfico reciban parte de lo que se recaude en concepto de multas.
Surgen muchas dudas ante esta opinión. No se sabe si es producto de la singularidad del personaje, de que ha sido víctima de un momento febril o de una bajada de tensión, de que acaso no sepa leer o de que a él una Disposición Adicional (la tercera) de toda una Ley (la 18/2009, de 23 de noviembre, que modifica la Ley de Seguridad Vial y que entrará en vigor el próximo 25 de mayo de 2010) le importe un bledo y constate que no le afecta.
Sea como fuere, el Sr. Navarro añade que “el importe de las sanciones iba ya a seguridad vial, puesto que está para financiar la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, las campañas políticas de la DGT….y ahora una Ley lo pone por escrito”. Pues no ha dado ni una.
El importe de las sanciones se ingresa en la cuenta general del Estado, como otros ingresos, y entra en ella para compensar los gastos del Estado, sea en sanidad, en educación, en obras públicas, en retribuciones del personal, en tóner o en papel para fotocopiadora. Nada hay, por tanto, que destine esa cantidad en concreto a los gastos de la Agrupación de Tráfico, a la sustitución de las barreras biondas, a colocar unas cámaras de seguridad en el Parlamento de la Nación o a pagar millones de vacunas de la gripe A.
Pero fíjense en el subrayado anterior: su subconsciente le traiciona y habla de “campañas políticas” de la DGT sin ningún rubor, cuando todo el mundo –menos él, que está sin duda mejor informado al respecto que nosotros- cree que esas campañas son divulgativas y preventivas. Pues va a ser que no, que son políticas (como en la Dictadura, curiosa coincidencia) y no informativas. Y, claro, la política ya sabemos al servicio de quién está; lamentablemente, no al del bien común a proteger (la seguridad vial), no a objetivos solidarios (la prevención de accidentes), sino al servicio de los políticos. Mal uso de la cosa pública, sin duda, para asuntos propios –los políticos- y no para lo que debe usarse: a favor de los ciudadanos.
El colofón es de libro; según él, la Ley sólo sirve “para ponerlo por escrito”, como si fuéramos tontos de baba y nos lo creyéramos. Menos mal que no se ha atrevido a decir que la Ley está para incumplirla, dada su poca utilidad, pero tiempo al tiempo. Leer el resto de la entrada »
En (Autor) por Mario Holguín el 22-02-2010
Nota del editor. El artículo de Mario se refiere principalmente a la situación en Latinoamérica y la República Dominicana. Sin embargo, el contenido es aplicable -hasta en las comas- a muchos países del mundo, incluyendo europeos.
Relación Partidos Políticos - Seguridad Vial.
Por Mario Holguín.
En la sociedad surgen múltiples y continuas demandas que tradicionalmente son recogidas por los Partidos Políticos, actuando estos como actores del sistema, cuya función es la de ser mediador con el Estado. O en su defecto, interpretarlas para prometer sus soluciones una vez se llegue al poder.
Mediante la articulación de las demandas sociales, los partidos las canalizan previa organización y priorización para finalmente generar programas y políticas públicas en beneficio de la mayoría de los ciudadanos.
Se consideran los Partidos Políticos un fenómeno dinámico, por tal motivo deben ir ajustándose a los tiempos. Este último concepto debe mantenerse como de alta prioridad “con el oído en el corazón del pueblo”.
El Dr. Leonel Fernández, en su artículo “Desafío de los Partidos Políticos en el Siglo XXI”, expresa claramente que los partidos actuales en la República Dominicana, y en su generalidad en América Latina, han ido perdiendo perspectiva por el descrédito alcanzado con un pobre desempeño en el ejercicio del poder.
Sin lugar a dudas, este elemento ha brindado espacio al fortalecimiento de otros actores sociales, como lo es la Sociedad Civil, tal como lo expresáramos en la serie de artículos “Sociedad Civil y Seguridad Vial”. Incluso se da el caso que Partidos Políticos pidan a la Sociedad Civil reclamen ciertas demandas, tal como sucede hoy día con el tema de la Ley de Partidos en la República Dominicana.
La carencia de un proyecto de nación seria la característica común de la mayoría de los Partidos Políticos, teoría que sostiene el Dr. Fernández, con la que afirma, que ellos solo se centran y se aferran en la lucha por alcanzar el poder. Leer el resto de la entrada »
En (Autor) por Mario Holguín el 15-02-2010
Todos somos responsables.
Por Mario Holguín.
laverdad.es es un periódico digital que publicó en el pasado 12 de febrero un artículo titulado “Condenados a Mejorar la Sociedad”.
A propósito de los acontecimientos que vivimos la noche del día siguiente en la República Dominicana en la Autopista Las Américas en donde solo quedaron imágenes desgarradoras, nos mueve a la reflexión.
Y la verdad es que nuestra sociedad no puede sumirse en la desgracia, acostumbrándonos a sucesos evitables.
¿Qué organismo es responsable de decir cuánto le ha costado al país movilizar tanto recurso para rescatar a los protagonistas de ese incidente desafortunado?
En vida productiva también hay un valor. Pero, ¿como valorar las vidas perdidas? Las propiedades, los gastos en medicamentos y atenciones a las víctimas se pueden calcular.
¿Quien se ocupa de calcular las atenciones pos-hospitalarias de los lesionados? Lo más complicado, ¿quienes se ocupan, de calcular los costos en atenciones psicológicas, tanto de estos como de los familiares de los fallecidos?
Los funerales tienen un costo. Asimismo las investigaciones, buenas o malas. Concluyentes o no.
Sin embargo, lo mejor que puede ocurrir, es que las instituciones públicas y privadas que tienen que ver con el tema asuman su responsabilidad corrigiendo los entuertos que a ellas correspondan para evitar que continúen ese tipo de desgracia, que solo puede definirse como desgarradora.
Ante casos como este, si las instituciones son indiferentes, la frecuencia de los mismos hace indiferente a nuestra sociedad, indolente y despreocupada.
Existen leyes que no se aplican, normas que no se respetan. Los conductores las violan constantemente porque hay debilidades en el sistema, a todos los niveles.
Un saldo de 11 muertos y 15 heridos identificados, a esto habría que agregar los cuerpos no encontrados, porque alberga la duda. ¿Quien responde por lo sucedido? Y los actores de la seguridad nos conformamos con mantener registros estadísticos como logro.
Una conjugación de factores de riesgos que ocasionaron el grave siniestro deben considerarse y a partir de entonces hacer serias recomendaciones para implementar medidas que sensibilicen a los hacedores de leyes y de políticas públicas.
Si el conductor era epiléptico, como se afirma, a lo mejor estaba bajo los efectos de medicamentos. Pero ¿quien niega que no estuviera ingiriendo alcohol u otro tipo de sustancia, ya que es frecuente en los hombres del volante? ¿O que tenia demasiadas horas de trabajo? Lo que también es probable. ¿Por qué no se aplica la ley 136 sobre autopsia en el conductor?
Se alega que hubo práctica de manejo temerario sin importar la gran cantidad de pasajeros, evidenciando la falta de conciencia ciudadana y educación vial, en tal caso.
¿Estaba el vehículo en condiciones de trabajo? Ya que se dice hubo un problema mecánico manifiesto.
La tragedia se produjo en horas de la noche. ¿Habría suficiente visibilidad, buenas luces del vehículo y de iluminación de la vía? La realidad es que siendo una autopista costera, aun de día, por el salitre producido y el roció de las aguas del mar, genera baja visión obligando a que se limpien los vidrios con frecuencia. ¿El minibús tendría los limpiadores de los cristales en condiciones adecuadas? Esta y otras preguntas más, mueven a la reflexión en lo que respecta a la revisión técnica vehicular.
Finalmente, la concentración de accidentes en ese tramo de la vía es objeto de atención que amerita una auditoria de carretera con la finalidad de mejorar la infraestructura vial en el menor tiempo posible.
¡Ojala, que a partir de esta lamentable experiencia podamos salvar vidas, a partir de entonces! Y reconocer, como nota paradójica, que el más activo salvavidas esa noche, fue un motorista.